Cuba un lugar que superó mi emoción

Yo había visitado Cuba en varias ocasiones, pero lo había hecho sólo, esta vez me fui con un grupo que estaba por encima de lo esperado, que fueron a través de Echolatino Viajes, y organizado por una cubana super agradable de nombre Tamara, quien me conectó con personas tan especiales como ella y que hicieron de ese viaje una maravilla. La verdad es, que ellos no esperaban adaptarse tan bien al país, ya que solo habían oído hablar de la Habana con sus destartalados edificios y casas. Cuando en el exterior se piensa en Cuba; se piensa en los estereotipos de la cultura cubana, el sistema político, la música, los autos clásicos, las jineteras, el baile, Varadero, la Bodeguita del Medio etc. Y, si bien es cierto que esto forma parte de todo el paquete que la palabra Cuba engloba, existe una particularidad que todo el mundo olvida, su gente, la cual nadie casi toma en cuenta. Antes de ellos llegar allá, su percepción  de Cuba tenía que ver básicamente con lo económico que supuestamente allí todo era controlado por los Castros, y que el pueblo no tenía ningún tipo de oportunidades era como viajar para allá y encontrarse con el pasado.
Para poder hablar de Cuba tenemos que saber que La Habana Vieja y su Sistema de Fortificaciones Coloniales, fue aprobada en el 1982 por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad, lo que para todo mi grupo eran edificios viejos y casas destartaladas. La Habana tiene dos caras, la parte que parece ser pueblo fantasma con edificios que casi no tienen color porque la pintura se les ha caído y el centro restaurado, tan lindo y muy pintoresco. Ahora, supongo que, por la apertura de los americanos muchos edificios de la Habana están siendo restaurados como El Capitolio. Y eso que todavía los que vivimos en USA no podemos oficialmente hacer turismo en Cuba, sino que tenemos que viajar bajo una de las 12 regulaciones que ellos aceptan, y entre esas 12, nosotros seleccionamos la categoría de People to People(P2P) o contacto con el pueblo cubano, lo que significa algo así, como realizar programas de grupos, con la condición de relacionarse todo lo posible con el pueblo cubano, que para mi no es más que un carril para esquivar el embargo.

Viajamos de Nueva York vía Panamá, ya que a nuestro regreso nos quedamos tres días en ese país, nuestra llegada a Cuba no fue para todo agradable, porque muchos de ellos tuvieron que lidiar con el mal humor de algunos funcionarios de migración, pero en lugar de eso tuvimos al mejor guía de turismo, que nos recibió con la representante de nuestro grupo Eliana una mujer encantadora, que siempre se preocupó por nosotros y al lado de  un todólogo de cuba, Julio y eso sin dejar de mencionar a nuestro chofer Alexis y el maletero Pacho. A través de Julio pudimos conocer más sobre Cuba y era  quien nos ayudaba a comprar cosas por nosotros ya que si te detectan cara de turista ricachón probablemente te vendan las cosas un poco más caras. Y hablando de caro, Cuba tiene dos monedas, el CUP sólo para cubanos y el CUC sólo para extranjeros. En el aeropuerto el tipo de cambio de dólares a CUC estaba en $87, no tan caro como mi última visita.
A nuestra llegada a la Habana el grupo fue dejado en el Hotel el Telégrafo, un hotel de muy buena calidad, pero aún así mi esposa y yo decidimos quedarnos en una casa particular cerca del hotel y a 10 minutos caminando del malecón y del Capitolio . En cuanto a la casa, la verdad es que la pasamos excelente y nos hemos sentido mejor que en nuestra propia casa, además  hemos comido muy bien, Juliana siempre tenia a punto los jugos de mangos en el desayuno ,que tanto nos gustan a Danerys y a mi. Rafael su dueño un cubano como poco, que nos trató tan bien, como si fuésemos los reyes de España, que al final no sabía como darle las gracias a él y a su ama de llave Juliana. Lo mismo nos pasó en Trinidad en la casa de la señora Vivian, y eso que le pregunté a todo el grupo que si querían quedarse en un hotel, pero prefirieron vivir la experiencia, de la cual hoy nadie se arrepiente, ya que por encima de todo eso, la seguridad que tienen estas casas, es más grande que la de cualquier hotel, y a propósito para hoteles está el mundo, Cuba está para amarla con todo lo que ofrece.
Eso si, nuestros primeros días con el internet se convirtió en una odisea, yo que conocía este problema, olvide informárselo a todo el grupo, y muchos comenzaron hacer llamadas al principio, que me imagino que cuando las cuentas lleguen en Nueva York, gritaran y no mencionaran mi nombre de buena gana por no prepararlo para la llamada y para no tener internet. No es que no exista sino que es limitado, debes comprar una tarjeta que cuesta 1.50 CUC, que dura una hora y luego tienes que dirigirte a un lugar que tenga conexión Wii. Julio por ejemplo, tenía internet en su celular, nos explicó que le cobraban por tiempo de uso. Aquí entre nos, se sintió muy bien desconectarse totalmente, nos obligaba al grupo y a mi a convivir entre nosotros, lo más curioso de todo esto: ¡La batería nos duró casi los nueve días!

Parece mentira pero en Cuba en muchos lugares y tiendas de artesanías todavía existe el trueque, si, así mismo como lo oyen. Nos tocó en varias tiendas de souvenirs donde les preguntaban a las mujeres, si traían blusas, maquillajes o algo similar, ya que ella lo cambiaban por productos de su tienda. A mi me tocó un vendedor cerca de la Bodeguita del medio, quien  me propuso dos cajas de Cohíba y dos Havana Club por mis Tennis Nike. En la calle también nos tocó que nos pidieran dulces o cosas que les pudiéramos regalar. Y para muchos cubanos que viven en USA, que nos decían que el papel de baño no existía, pues bien el papel de baño si existe, aunque no como lo conocemos, el papel de baño es en extremo delgado y parece ser reciclado, es decir de diferentes tipos de papel.

Para nosotros los dominicanos, la comida nacional de Cuba, es prácticamente lo mismo. Lo que encuentras en todos lados son los mojitos, ropa vieja, moros y cristianos (moros se le dicen a los morenitos allá así que representa el arroz café y los cristianos los frijoles) y los tostones ni hablar. El plátano lo encuentras como tipo fritura, en cuadritos, rellenos y hasta en licor.
Los mariscos abundan, una rica langosta a la habana en cualquier restaurante y ¡hasta plátanos maduros en todos los lugares los encontramos! Todo depende al lugar donde vayas. Eso sí, no vas a encontrar una Coca Cola tan fácil, para los que la beben. Tienen refresco de Cola pero Coca Cola sólo encontramos en el lugar más nice al que fuimos en Cienfuegos, la casa donde se aloja mi sobrino Edwin, quien está haciendo un Post Grado en dermatología en esa ciudad. Nos tocó de anfitrión el dueño de la casa Alejandro Ramirez Ortiz, un caballero en todo el sentido de la palabra, nos preparó la mejor langosta, un puerco a la puya, arroz congrí excelente comida. El mejor mojito no lo encontramos ni en un restaurante, ni en un bar, ni siquiera en la bodeguita del medio. Lo encontramos precisamente allí en la Casa de Alejandro, quien es, poeta, cantautor, seductor y uno de esos locos que vuelven a todo el mundo loco. Alejandro en fracciones de segundos nos organizó peluqueras, que les hicieron los cabellos a las mujeres, con manicuras y pedicuras y que vinieron acompañadas de un tremendo masajista, lo que se convirtió en una noche para no olvidar.

Por último fuimos a Varadero, Varadero es un Punta Cana cubano. La playa de Varadero está al norte, por lo que no es la playa más hermosa de Cuba como lo son las que se encuentran al sur, en el mar caribe. Aún así varadero es un paraíso, el agua es transparente con un azul turquesa hermoso y tan tranquila, una albercota con el clima perfecto. En Cuba vi uno de los mejores atardeceres de mi vida. Nos quedamos en uno de los hoteles de Iberostar, lo que resulto para nosotros también otro vacilón, ya que el gerente de alimentos y bebidas era dominicano, al igual que el Chef de la cocina, nos sentíamos como en casa, ya que hicimos amistades con  casi el 40 por ciento del personal. Otra cosa de la que pude darme cuenta es de la percepción que se tiene de los dominicanos. Aunque varios se alegraban al saber que se habían topado con dominicanos, me quedó muy claro que tenemos fama de chulos, fiesteros, impuntuales y que creamos mucha bulla, como dicen ellos. En pocas palabras no nos toman muy enserio… para la fiesta el dominicano se invita solo e incluso hubo uno que se explotó de la risa, cuando yo le dije eso es lo que vinimos a corroborar de ustedes los cubanos.

Pero Cuba cada esquina, cada casa, cada atardecer merecía ser inmortalizado en la memoria de nuestros recuerdos más interno. Visi

tamos “La bodeguita del medio” como buenos turistas, fuimos por un daiquirí a “La Floridita”, bailamos en “La casa de la música”,  visitamos la casa Ernest Hemingway, algunos fueron al Tropicana, compramos café en la plaza vieja, fuimos a la ceremonia en memoria del toque de queda (cuando Cuba se encontraba bajo un régimen más estricto existía un toque de queda) visitamos también el Hotel Nacional, que tiene un salón de la fama por el que ha pasado desde Cantinflas, los Backstreetboys hasta presidentes. También debo decirles que no todo fue color de rosa, ya que nuestra última noche en La Habana el grupo fue alojado en el Hotel Florida en el centro de La Habana Vieja (yo seguí para mi casa particular) y el trato y las habitaciones no representan ni una estrella, lo mismo me pasó en mi anterior visita en el Hotetur Deauville  en La Habana, así que si escuchan que los van alojar en uno de estos hoteles, salgan corriendo. Aunque yo he escuchado muchas historias negativas de este maravilloso y hermoso país, este no es nuestro caso.  Me tocó ver también otra parte de Cuba, como todos los países, tiene su lado bueno y otro lado no tan bueno. La prostitución en la isla, es muy notoria y gran fue mi impacto al ver la magnitud de la prostitución que existe en el país y de lo jóvenes que son las mujeres, que se pasean por las calles con viejos decrépitos proveniente de Europa que abusan de la situación del país. Tal vez en República Dominicana sea igual sólo que como no nos movemos en ese ámbito no nos damos cuenta, pero algo si quiero dejarles saber en Cuba hay pobreza pero no miseria, como sucede en muchos de nuestros países latinoamericanos lleno de miseria.
En las calles de Varadero alguien nos habló de los problemas con los que los cubanos se enfrentan debido al socialismo, nada que República Dominicana no conozca. Aunque el sistema busca que haya igualdad en realidad los pobres y los ricos sí existen y cada quien lucha como puede para tener más recursos. Ese señor de mediana edad tiene hijos y nos compartió que él no quiere que sus hijos crezcan bajo ese sistema, por lo que le gustaría sacarlo del país. Sin embargo, es muy complicado y caro conseguir toda la documentación y aunque lograra tenerlo eso no le garantiza que su pasaporte no será denegado. No todos los cubanos piensan como él. También nos topamos con personas que dicen ser muy felices y hasta nos pusieron a pensar si nosotros lo éramos. Un señor nos dijo que nosotros pensábamos ser felices pero en realidad vivíamos en la prisa, llenos de estrés, siempre preocupados por nuestro futuro y él, en cambio tiene todo lo que necesita y una vida tranquila.

Los nueve días de nuestra estancia en Cuba fueron muy, pero que muy intensos, tanto física, como psicológicamente, con un montón de experiencias, anécdotas, aventuras, sentimientos encontrados y un poco más enriquecidos que antes de salir de Nueva York. Habíamos tenido contacto con una Cuba muy desconocida para la mayor parte de nosotros, pues nada tienen que ver unas noticias de veinte segundos en Univisión o Telemundo con vivir en directo el día a día de la gente.
Casi con toda seguridad ha sido el viaje en el que más contacto hemos tenido con la gente. Bien es cierto que el compartir idioma ayuda mucho, pero también lo hace la predisposición de la gente a hablar sobre su realidad y su afán por conocer cómo vive el resto del mundo que a ellos les parece tan lejano y desconocido. Así disfrutamos de unos días a los que calificaría como “diferentes”.

En el aeropuerto, como experiencia final, nos topamos con una familia que se despedía de su hija y la que parecía ser su madre. La familia lloraba con mucho sentimiento, tanto que me contagiaron las lágrimas, al parecer ellas habían logrado salir del país y como cubanos, una vez que salen su familia no sabe cuando podrán reunirse nuevamente. Me sorprendí al recopilar todo lo que habíamos aprendido del sistema, la cultura y la gente en tan pocos días de estancias.
Cuba yo volveré de nuevo con otro grupo más grande.

Francisco Montás